Dice la Biblia: "Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en Espíritu y en verdad, porque también el Padre, tales adoradores busca que le adoren". Juan 3:23
Nuestro Padre celestial, anhela ver en Su pueblo, un compromiso firme de obedecerle, un deseo ferviente de alabarle y una necesidad genuina de tener comunión con Él. Por ello, es determinante para el creyente, que nos llenemos de Su Espíritu Santo, de esta manera tendremos al mejor "ayudador" para llegar limpios a la presencia de Dios diariamente; de entender con certeza la Obra que Jesucristo vino a hacer; y de ser un verdadero adorador, como Él quiere.
Seamos adoradores, conociendo a nuestro Dios y lo que puede hacer en nosotros. Seamos hombres y mujeres que entiendan, que si no nos rendimos enteramente al creador, no podremos ser verdaderamente libres, ni enteramente felices.
Hemos sido creados no sólo para vivir en este mundo, sino que nuestro propósito de existencia es más elevado. Estamos aquí para "publicar" Su alabanza, para adorarle, para ser Su pueblo. Tenemos una razón de existencia, no somos casualidad del destino. Estamos aquí porque Él nos ama, nos amó primero, en gran manera. Nosotros no debemos, ni podemos resistir a ese Amor, que siendo Él tan grande y nosotros tan pequeños, nos hizo Sus hijos, Su tesoro, la niña de Sus ojos, por quien dió Su vida y Su creación más especial.
Cristo Jesús, hablando con la mujer samaritana, le explicaba que no es el lugar de adoración lo más importante, sino a quién se adora y como debe hacerlo: "Al Padre, en Espíritu y en verdad". ¿Qué significa esto? Que como Dios es un ser espiritual, nosotros sólo lo podemos realmente adorar con nuestro espíritu. Para esto es necesario que seamos santos y libres de pecado.
Es enteramente posible que levantemos nuestras manos, cantemos muy bien entonados e inclusive, que cerremos nuestros ojos y derramemos algunas lágrimas, pero si tenemos en nuestro corazón, algo que impida el fluir del Espíritu Santo a nuestro espíritu, no estaremos adorando a Dios; y de esta manera Dios no nos mirará con agrado, ni recibiríamos Su bendición.
Dios sabe que es común para las personas el guardar las apariencias y aún engañarnos a nosotros mismos. Pero la verdad es que si no tenemos plena comunión con Él, no podremos adorarle como Él busca que le adoren. Es como si habláramos con un familiar que está en otro país con la puerta cerrada, las personas de afuera pueden escucharnos y hasta emocionarse con nuestras palabras, pero si no hemos levantado el teléfono, esperado que conteste y conversar realmente con el familiar, no habrá verdadera comunicación.
Es decir que para adorar realmente a Dios es necesario primero tener comunión con Él. Su Espíritu Santo nos ayuda en esto, nos enseña como hablar, qué decir; y Jesucristo, es como la línea telefónica, el enlace que nos llevará a comunicarnos con Dios, nuestra ruta, el Camino.
Adorar en Espíritu y en verdad es entonces, el adorar en plena comunión con Él, de espíritu a Espíritu, sin sombra de pecado en nosotros; y en verdad, que es a través de la Obra redentora de Jesucristo, quien es el Camino, la Verdad y la Vida. Esta es la adoración que le agrada a Dios, estos los adoradores que Él busca, ya Él nos dió a conocer Sus requisitos ¿Qué haremos?
Nuestro Padre celestial, anhela ver en Su pueblo, un compromiso firme de obedecerle, un deseo ferviente de alabarle y una necesidad genuina de tener comunión con Él. Por ello, es determinante para el creyente, que nos llenemos de Su Espíritu Santo, de esta manera tendremos al mejor "ayudador" para llegar limpios a la presencia de Dios diariamente; de entender con certeza la Obra que Jesucristo vino a hacer; y de ser un verdadero adorador, como Él quiere.
Seamos adoradores, conociendo a nuestro Dios y lo que puede hacer en nosotros. Seamos hombres y mujeres que entiendan, que si no nos rendimos enteramente al creador, no podremos ser verdaderamente libres, ni enteramente felices.
Hemos sido creados no sólo para vivir en este mundo, sino que nuestro propósito de existencia es más elevado. Estamos aquí para "publicar" Su alabanza, para adorarle, para ser Su pueblo. Tenemos una razón de existencia, no somos casualidad del destino. Estamos aquí porque Él nos ama, nos amó primero, en gran manera. Nosotros no debemos, ni podemos resistir a ese Amor, que siendo Él tan grande y nosotros tan pequeños, nos hizo Sus hijos, Su tesoro, la niña de Sus ojos, por quien dió Su vida y Su creación más especial.
Cristo Jesús, hablando con la mujer samaritana, le explicaba que no es el lugar de adoración lo más importante, sino a quién se adora y como debe hacerlo: "Al Padre, en Espíritu y en verdad". ¿Qué significa esto? Que como Dios es un ser espiritual, nosotros sólo lo podemos realmente adorar con nuestro espíritu. Para esto es necesario que seamos santos y libres de pecado.
Es enteramente posible que levantemos nuestras manos, cantemos muy bien entonados e inclusive, que cerremos nuestros ojos y derramemos algunas lágrimas, pero si tenemos en nuestro corazón, algo que impida el fluir del Espíritu Santo a nuestro espíritu, no estaremos adorando a Dios; y de esta manera Dios no nos mirará con agrado, ni recibiríamos Su bendición.
Dios sabe que es común para las personas el guardar las apariencias y aún engañarnos a nosotros mismos. Pero la verdad es que si no tenemos plena comunión con Él, no podremos adorarle como Él busca que le adoren. Es como si habláramos con un familiar que está en otro país con la puerta cerrada, las personas de afuera pueden escucharnos y hasta emocionarse con nuestras palabras, pero si no hemos levantado el teléfono, esperado que conteste y conversar realmente con el familiar, no habrá verdadera comunicación.
Es decir que para adorar realmente a Dios es necesario primero tener comunión con Él. Su Espíritu Santo nos ayuda en esto, nos enseña como hablar, qué decir; y Jesucristo, es como la línea telefónica, el enlace que nos llevará a comunicarnos con Dios, nuestra ruta, el Camino.
Adorar en Espíritu y en verdad es entonces, el adorar en plena comunión con Él, de espíritu a Espíritu, sin sombra de pecado en nosotros; y en verdad, que es a través de la Obra redentora de Jesucristo, quien es el Camino, la Verdad y la Vida. Esta es la adoración que le agrada a Dios, estos los adoradores que Él busca, ya Él nos dió a conocer Sus requisitos ¿Qué haremos?







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