Bueno es escuchar cuando no se tiene nada que decir ¿pero qué cuando sí tenemos un cúmulo de razonamientos que nadie quiere escuchar? La verdad es más compleja cuando no sabemos como expresarnos, cuando no creemos que nuestra voz tenga suficiente volúmen, no tenemos la madurez, no tenemos las agallas, no tenemos independencia.
A la edad de 16 años ingresé a la universidad. Sí, muy joven y sin saber realmente qué profesión me gustaba, tenía varias pero como no me decidía, otros lo hicieron por mí.
-¡Ya está! estudiarás Trabajo Social.
-¿Qué es eso?
-Bueno tu tía tiene una linda casa en una buena zona porque es una Trabajadora Social bien remunerada, tú deberías estudiar lo mismo.
-Pero, yo quería ser abogada.
-Ja, ja. Pero si no tienes carácter. Los abogados tienen que ser mentirosos y tú no sabes mentir.
-Y que tal profesora, es bonito.
-Pero no te dará de comer.
Y habiendo agotado todas las posibilidades, me dí por vencida. A estudiar se ha dicho.
Cuando empecé, me asaltaban las dudas y pensaba ¿qué hago acá?, luego vinieron las amigas, el estudio, el levantarse temprano, el no comer ni dormir lo suficiente, en fin, la vida universitaria. Además del miedo en los ojos de mi mamá al salir de casa, me miraba y me decía: "estarás aquí a las tres de la tarde, ¿verdad?". Siempre procuré estar a tiempo, pero me daba ansiedad su ansiedad, y me propuse un plan para liberarme: ¡La biblioteca!
-Hoy debo ir a la biblioteca para hacer un trabajo.
-¿Otra vez?
-Es que no tengo el libro y allí lo encuentro.
-¿No te lo pueden prestar?
-Solo será un rato.
-Bien, pero ten cuidado.
Poco a poco empecé a despeglar las alas. Aunque no volé hasta que tuve otro nido firme donde aterrizar, y aprendí. Aprendí que hubiese sido mejor estudiar lo que me gustaba, pero que lo estudiado no fue en vano, me hizo más fuerte. Aprendí que las leyes y la educación son todavía muy atractivas fuentes de desarrollo para mí, pero el desarrollo de la sociedad en que vivo no me es indiferente, es más, tengo planes que algún día espero poder concretar.
Aprendí que cuando se es joven, es fácil de ser manipulado, pero con el tiempo uno se dá cuenta que por más equivocados que estuvieron, lo hicieron pensando en nuestro bien y eso se puede perdonar. Aprendí que mi voz debe ser escuchada. Aprendí que algún día no muy lejano, Dios me daría la oportunidad de luchar por lo que creo. Y por último aprendí, que hoy es tiempo de no callar y volver a empezar.







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