Google

sábado 10 de mayo de 2008

Para ti Mamá

Se que aún puedes escucharme, aunque se haya apagado tu voz, aún así la recuerdo, como cuando me cantabas canciones para dormir, no eran canciones de cuna sino baladas de tus cantantes favoritos, pero si recuerdo que tu voz era hermosa, dulce y... me hacía soñar.

Recuerdo cuando te ayudaba a preparar tortas todos los fines de semana en la casa de Barranco, y al final terminaba comiendo la masa cruda que quedaba, nunca me enfermé por hacerlo, eso lo recuerdo bien.

Recuerdo cuando lanzabas a la gatita mitzi al techo, para que conociera el mundo, luego regresaba molesta y te arañaba, porque tenía miedo de bajar saltando. La dejamos por el puente de los suspiros y allí encontró muchos amigos.

Recuerdo cuando llegamos a la ciudad de Iquitos, qué calor, yo tenía 5 años. Recuerdo que te abrazaba asustada cuando llovía con truenos y rayos, pero me acostumbré ¿cómo hiciste para cuidar a dos niños pequeños, sola en una ciudad que no conocías, pues mi papá viajaba mucho?, no lo sé, eres fuerte y te admiro por eso.

Recuerdo cuando conversabas con tus amigas del barrio, yo me echaba junto a ti y me quedaba dormida, mientras tú acariciabas mi pelo. Luego me decías que no debía repetir ninguna conversación de adultos, "ver, oír y callar" era tu lema.

Recuerdo cuando me hiciste el vestido para la primera comunión, yo estaba molesta pues ya empezaba a desarrollarme y el vestido era muy transparente, fue nuestra primera diferencia. Aún puedo ver las fotos y no salgo sonriente, tú me veías como una niñita pequeña, creo que ahí te diste cuenta que estaba creciendo.

Recuerdo cuando regresamos a Lima, y el colegio quedaba muy lejos, siempre te veía preocupada pues yo casi no conocía la ciudad, y cuando mi hermano se enfermaba y debía ir sola, tu rostro reflejaba angustia. Por ello me fui a la casa de mi tía, que estaba cerca del colegio, me dio pena separarnos, pero verte más tranquila era mejor.

Recuerdo cuando de adolescente, me dio por pensar que era adoptada y tu me mostraste un papel donde decía que te habían recetado un aborto terapéutico, pues tuviste Rubéola el primer mes de gestación, pero no lo practicaste, . Me contaste que al nacer yo, me hicieron muchos exámenes y lloraste de emoción cuando te dijeron que estaba sanita y no tenía secuelas del virus. Eso me convenció de que tú eras mi mamá.

Recuerdo cuando entregamos juntas nuestras vidas a Jesús, recuerdo que llorabas mucho y me decías que era de felicidad, y seguiste llorando cada vez que entrabas al servicio, por los siguientes tres años. Cuando conversamos de eso, me dijiste que sentías que Dios te estaba sanando, pues tenías muchas heridas en el alma. Luego dejaste de llorar tanto y empezaste a aprender más de La Palabra de Dios, eso me gustaba, pues siempre te había visto fuerte.

Recuerdo que orábamos juntas por la vida espiritual de mi papá y mis hermanos, que aún no querían saber nada de Dios. Recuerdo que a veces te quedabas sin palabras y sólo gemías, eso me enseñó mucho aunque tú no lo sabías.

Recuerdo cuando me casé, siempre procuré no darte preocupaciones y esperaba que al casarme estés más tranquila, pero te veía triste y sé que al final en la noche, lloraste mucho. Luego de un tiempo noté que te sentías sola, me daba pena, pero trataba de darte ánimos para seguir adelante, que más podía hacer.

Recuerdo cuando nació mi primer hijo, te veías feliz, tu primer nieto hombrecito. Recuerdo cuando me visitaste en el hospital y lo cargaste, se te veía radiante aunque te preocupabas por nuestra salud. Y así por mi segundo hijo y por la última nena, aunque las cosas han cambiado.

Recuerdo mi cumpleaños, un día jueves hace casi cinco años, dos días antes me visitaste y me dijiste que vaya a tu casa porque allí estaría mi abuelita, y cumplimos años el mismo día. Luego, ese día me llamaste al trabajo y me saludaste contenta, nos vimos en la noche, estabas cansada. Habías cocinado mucho y no parabas, cuando nos despedimos, quedamos en vernos el sábado, “te espero”, fueron las últimas palabras que escuché.

El sábado temprano me desperté y empecé a alistarme para ir a tu casa como habíamos quedado, en eso me avisaron “tu mamá está en el hospital, le dio un derrame, está muy mal”, corrí con mi esposo y al llegar, tú entrabas al quirófano, estabas inconsciente, y nos pusimos a orar.

Un mes en cuidados intensivos y cinco en coma, no sabíamos lo que pasaría, poco a poco fuiste saliendo del coma, pero te quedó secuelas, no podías hablar, no podías caminar, no podías moverte, pero si podías sonreír.

Y sonreías, cuando te visitaba en tu casa, cuando te llevaba a mis hijos para que los vieras crecer, cuando te dije que nuevamente estaba embarazada, cuando supiste que era una niña, cuando la conociste. Sabía que sentías dolor, pero a pesar de todo, sonreías. ¿No te digo?, eres fuerte.

Hoy, después de casi cinco años, sigues allí, muchas veces lloro al pensar en tu sufrimiento, y oro a nuestro Dios para que te fortalezca y nos muestre su propósito, y te sane y te levantes, y pueda volver a escucharte cantar. No deseo cosa distinta en este día de la madre, sino que no tengas dolor, que no tengas preocupaciones, que aumente tu fe en Dios, que vuelvas a sonreír, es decir, que seas realmente feliz. Te Ama, tu hija Cecilia.

Hola, es grata tu Visita. Si deseas hacerme alguna sugerencia escribe al correo cecyaranibar@gmail.com; también puedes suscribirte para recordarte las novedades semanalmente; y por último, si quieres apoyar este Blog, haz click en los anuncios de Google. Dios te siga Bendiciendo.